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sábado, 11 de junio de 2011

EL PADRE JENARO AGUIRRE / Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo

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Rescatar la memoria de quienes han dejado huella imperecedera en el surco de la identidad venezolana es un deber y un noble orgullo. Se está cumpliendo el centenario del nacimiento de un jesuita vasco que hizo de Venezuela su tierra, su sementera en la que recogió en vida y se sigue recogiendo después de su desaparición, parte de lo mucho que fue su ilusión y desvelos: la educación integral de la juventud venezolana, sobre todo la popular.

Recuerdo haberle oído en más de una ocasión reclamarle a más de uno que él era más venezolano que cualquiera, porque él había escogido consciente y libremente ser hijo de esta tierra. No era un accidente en su vida sino una elección. El Padre Jenaro nació el 8 de abril de 1911 en el país vasco. Ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús en 1926, en Loyola. En 1932, dada la situación política de España fue trasladado a Bélgica para concluir sus estudios filosóficos.

A Venezuela llegó en 1934 como maestrillo en el Colegio San Ignacio de Caracas. Allí nació su vocación misionera en Venezuela. Regresó en 1943 con su hermano Manuel, también jesuita. Desde entonces se dedicó en cuerpo y alma, con pasión y tozudez a abrir surcos nuevos en la educación venezolana. Está entre los fundadores de la Asociación Venezolana de Educación Católica y la presidió en varias oportunidades. Impulsó numerosas obras educacionales de su orden en diversas partes del país y siendo provincial le tocó iniciar la andadura de la Universidad Católica Andrés Bello.

La preparación de docentes, capaces, nobles, con principios sólidos humanos y cristianos, lo hizo fundar la Asociación Pro Fomento de la Educación Popular, APROFEP, y tuvo participación protagónica en los inicios de Asociación de Promoción de la Educación Popular, APEP, y de la Asociación de Padres, Representación y Educadores Católicos, FAPREC.

En la madurez de su vida, fue estrecho colaborador de Mons. Ramón Ovidio Pérez Morales, en la puesta en marcha del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano, a partir de 1972 y durante dos décadas. Murió el 19 de julio de 1997.
Qué hermosos son los pies del evangelizador incansable, sembrador fecundo que amó su vocación cristiana y la derramó en abundancia sobre nuestra tierra venezolana. Gracias, Padre Jenaro, y desde el cielo sigue intercediendo por la tierra a la que le diste toda tu vida.
16-5-11 (----)

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