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lunes, 20 de febrero de 2012

LEPROSOS DE AYER Y HOY

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Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo Es recurrente en los evangelios la referencia a curaciones de lepra. Era una de las enfermedades más temidas y abominables, tanto por sus efectos físicos como por la marginación social y condena espiritual vinculada a pecados ocultos. Era, pues, un castigo de Dios padecerlo y se pagaba, además, con la exclusión social. Sorprende que un leproso se salte el muro legal y religioso que lo apartaba de los mortales, y en alarde de valentía y confianza, como última tabla de salvación, reta a Jesús: “si quieres, puedes curarme”. Ante un caso así, lo más lógico era zafarse del asunto y para mostrar benignidad, dejar pasar las cosas, para evitar la condena a muerte del osado leproso. Pero, Jesús ve las cosas de otro modo: se rebela contra lo establecido: no todo lo legal es justo, ni todo lo socialmente instituido es lo aceptable. Lo escandaloso es que Jesús se hace cómplice y víctima solidaria con el leproso. Qué escándalo: lo tocó y le dijo, quiero, queda limpio. Estamos ante algo que se repite en todos los tiempos y lugares. Vivimos ante una sociedad y unos gobiernos que excluyen y marginan. De allí los esfuerzos por una democracia más trasparente y con poderes públicos más autónomos y justos; y superar la cultura y publicidad que proclama a los cuatro vientos la desigualdad para que el consumo crezca y el orgullo se engríe. Estorban los enfermos marginales, los ancianos inútiles, los indocumentados, los presos y las instituciones que propugnan una moralidad decente, tachándolas de anticuadas y retrógradas. Hay que agregar a esta lista la política fanática y amoral que no le da cabida sino a los suyos, matando física y moralmente a los otros, con abuso de poder, corrupción y ventajismo. Desde esta perspectiva debemos leer el pasaje evangélico de la curación del leproso. Sin compasión y ternura; sin coraje y constancia, las lepras se multiplican. Como Jesús, seamos capaces de decir: quiero, sé limpio. 8/ 12-2-12 (1997)

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