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sábado, 19 de febrero de 2011

La crónica menor / HACE 50 AÑOS

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Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo /


Merece recordar que hace medio siglo, dos acontecimientos eclesiales marcaron positivamente la vida de los creyentes venezolanos. En diciembre de 1960, al filo de las misas de aguinaldos, se anunciaba en Roma la creación de nuevos cardenales. Entre ellos, estuvo el primer purpurado venezolano, el recién nombrado arzobispo de Caracas, Mons. José Humberto Quintero Parra. En enero del 61, recibió de manos del Papa Juan XXIII, el capelo y demás insignias cardenalicias.

Desde entonces nuestra patria ha contado con un miembro en el Colegio de Cardenales. Ellos han sido, primero, el antes citado, nativo de Mucuchíes. El segundo, José Alí Lebrún Moratinos, nativo de Puerto Cabello; el tercero, cardenal de la curia romana, Rosalio Castillo Lara, salesiano de Güiripa; el cuarto, Ignacio Antonio Velasco, también salesiano, originario de Acarigua. Y el quinto, Jorge Urosa, caraqueño.

Las funciones de los purpurados, además de la atención a su cargo pastoral, es el de asesorar al Papa en las Congregaciones romanas a las que son asignados. Y si no han cumplido los ochenta años de edad, son también, potenciales electores del Papa, en el cónclave que sigue a la muerte de los Sumos Pontífices.

Al Cardenal Quintero le asignaron como parroquia en Roma, la iglesia del monasterio de San Gregorio en el Monte Celio, cercana al Coliseo. Allí, consagró, a la semana de recibir el capelo, al nuevo Obispo de Calabozo, más tarde arzobispo de Mérida, Mons. Miguel Antonio Salas, del cual, también se cumple, el 2 de febrero, cincuenta años de su consagración. Fue la primera de numerosas ordenaciones episcopales que tuvieron como protagonista a nuestro primer cardenal. En uno de sus libros, dejó constancia de las bellas homilías que pronunció.

Sirva esta breve crónica como recuerdo agradecido a quienes marcaron surco fecundo en la labor de la Iglesia en Venezuela en la segunda mitad del siglo XX. En Mérida, en la fiesta de la Candelaria, rendiremos merecido tributo a estos dos prelados andinos que esparcieron su ciencia y virtud a lo largo y ancho de nuestra geografía.

7.- 26-1-11 (2135)

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