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lunes, 28 de marzo de 2011

La crónica menor / CATASTROFES Y EPIDEMIAS

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Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo / El ser humano compensa su debilidad física con la enorme capacidad de su inteligencia para sobreponerse a las catástrofes de cualquier índole y para prevenir los males que traen tanto los eventos naturales adversos como los efectos de la debilidad. La salud no es asunto privado ni individual. Tiene exigencias personales, pero requiere de una serie de actitudes, comportamientos, conductas y políticas públicas. Las catástrofes y brotes de epidemias en países desarrollados ponen sobre el tapete que no es asunto privativo de los países más pobres que se arregla con enviar alguna ayuda humanitaria que sosiegue el espíritu y haga creer que se ejerce con largueza el altruismo. Uno de los bienes que tiene relación con la calidad de vida es la planificación de estrategias y conductas públicas que aminoren los efectos de estas calamidades. Un mismo fenómeno azota de manera diferente a los países que están preparados para ellas. Los huracanes del Caribe pasan por países pobres, medianos y ricos. Las secuelas se notan en algunos de ellos por años. En los últimos, los efectos en vidas y normalización de actividades es mucho menor. Los monzones, los tsunamis, los efectos de los cambios climáticos, a los que hay que unir las pestes y enfermedades, producto muchas veces de deficientes políticas de sanidad ambiental, exige de los Estados atender no sólo las emergencias sino una continua acción preventiva y efectivas acciones cuando llegan estos eventos imprevistos pero cíclicos. Se requiere la colaboración, mejor la participación de todos, en especial los que conocen y manejan las distintas especialidades. Reaparecen entre nosotros en estos últimos años, enfermedades que parecían erradicadas y surgen otras que causan desconcierto en la población. No se sabe qué hacer. No basta con que las autoridades tomen medidas. Urge tomar en cuenta a todos los actores sociales, institucionales o personas, de la comunidad para que las soluciones fluyan de forma rápida y efectiva. Responsablemente afirmo que falta esto último. La manera más sencilla es convocar, dialogar y concertar, para que no sea la imposición, a veces arbitraria, de autoridades que se presentan, por ejemplo, a cerrar templos, con la única respuesta de que son órdenes superiores que hay que acatar. Lo importante es la vida y tranquilidad ciudadana, no el protagonismo de quienes quieren ganar puntos para su haber. 15.-/ 23-3-11 (2466)

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