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miércoles, 29 de diciembre de 2010

CRISIS DE VALORES Vs. HAMBRE ESPIRITUAL

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* Lcda. Zoraima León/

Foto Flickr Romulo Moya Peralta/
En los últimos años hemos leido y escuchado con insistencia en diferentes escenarios que la juventud actual vive una crisis de valores. Como factores desencadenantes de la misma se consideran la desunión familiar, el libertinaje, la influencia negativa de los medios de comunicación social, la baja autoestima o auto-concepto negativo de los jóvenes de nuestro tiempo.

En consecuencia se ha visto el incremento de serios problemas sociales como el suicidio, la drogadicción, el alcoholismo, el embarazo en adolescentes y la delincuencia juvenil. Ante ello se estima importante –y de hecho se practica– el inculcar valores a través de charlas y actividades diversas, que continuamente se desarrollan en las instituciones educativas del país a través de los servicios de Orientación y Bienestar Estudiantil.

No obstante, los frutos de este esfuerzo aún no se recogen y esto se debe quizás a que se ha dejado de lado, en un segundo plano, el cultivo de la espiritualidad en nuestros jóvenes, espiritualidad entendida como la cualidad de toda actividad que impulsa al ser humano hacia adelante, hacia algún tipo de desarrollo -físico, emocional, intuicional, social- por delante de su estado actual.

Como padres se es vigilante de que los hijos hagan la primera comunión y la confirmación a edad temprana para “salir de eso” pues pareciera que hasta allí llega la responsabilidad de padres y madres en cuanto a la formación religiosa de sus hijos se refiere. Es entonces cuando el niño sigue creciendo y se hace adolescente sin ningún tipo de orientación religiosa, sin una vivencia auténtica de la fe, sin el compromiso de asistir al encuentro semanal con Dios en la Misa Dominical y mucho menos un acercamiento frecuente a los sacramentos de la penitencia y la comunión.

Dios se convierte entonces en una referencia o recuerdo de la niñez o quizás en alguien que sé existe pero no reconozco como Señor de la Vida, Padre Celestial amoroso y misericordioso a quien debemos amar y respetar sobre todas las cosas. Y es así como se pierde el sano temor de Dios o el reverenciar a Dios como hermosamente señala el libro de los Hebreos.

En Proverbios se lee que el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Temor que conduce a temer su disciplina, a aborrecer el pecado y buscar vivir la vida de manera tal que le agrademos.Es por ello que cada vez se hace más necesario que los padres y maestros de los niños y adolescentes de nuestro país hagamos conocerle la importancia que tiene el sano Temor de Dios, Don Hermoso del Espíritu Santo, para una vida plena que nos permita andar por los caminos de Dios y servir al Creador con todo nuestro corazón y toda nuestra alma.

* Lcda. en lengua y literatura.

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