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viernes, 21 de enero de 2011

La crónica menor / ANHELOS DE PAZ

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Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo /

El 2011 comienza con anhelos de paz pero con vientos que presagian incremento del desencuentro y la intransigencia. Pero, la primera y principal preocupación de quien desea a los demás “próspero año” debe ser las necesidades de la gente.

La solidaridad con los damnificados va más allá del momento inicial de la catástrofe. Se activa la solidaridad, pero se pone en evidencia la carencia de una política efectiva de prevención y planificación.

Ante el bicentenario de la declaración de independencia, debemos honrar y profundizar en las leyes e instituciones republicanas, los ideales que inspiraron a los fundadores de la patria a buscar el bien, respetar la voluntad y decisión del pueblo. Las proclamas fueron más cortas que los hechos y los anhelos de los pobres quedaron frustrados y vino la cruenta guerra. Saquemos la lección.

No hay paz, sin unión y libertad. Es un imperativo ético ineludible, respetar la constitución vigente porque esa fue y es la voluntad popular. La aprobación de 25 leyes, entre ellas la habilitante, se pone fuera de ese contexto, ya que tienen que ver poco con los problemas reales del país y el gobierno se autoconcede poderes ajenos a la emergencia.

Los ciudadanos, creyentes o de buena voluntad, no pueden callar. El poder no puede ser ejercido con dominio sobre los demás como si los gobernantes fueran dueños de las conciencias, sino como un servicio a todos. Lo que legitima el ejercicio del poder es el efectivo servicio a las necesidades del pueblo, no el cercenar el escenario de la vida cotidiana con penalizaciones, amenazas y violencia.

Preocupa la nueva radicalización política, pues provoca una gravísima situación de conflicto. Esta imposición es moralmente inaceptable, pues ofende la dignidad de cada persona, desconoce la soberanía popular y vulnera gravemente el bien común, la institucionalidad democrática y los derechos de los venezolanos.

Trabajar por la paz es una exigencia irrenunciable. Todos estamos llamados a dar nuestra contribución al bien común, exigiendo con firmeza el respeto a los derechos de los ciudadanos, descartando cualquier tentación de fuerza.

Este es parte del contenido del reciente documento episcopal. Invito a mis amables lectores a compartirlo, debatirlo y buscar luz en la puesta en común, para que los anhelos de paz no queden en vanos deseos.

2.- 12-1-11 (2389)

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